Soy diferente, sí
En la ley de Moisés había claras advertencias acerca de cómo debía ser el rey de Israel si el pueblo llegaba a querer uno. La idea que subyace es que Israel no necesitaba tener un rey, porque Dios ya cumplía ese papel y se encargaba de su protección, de impartir la sabiduría para dirimir en cuestiones difíciles, de levantar a sus representantes cuando hiciera falta una figura que conversara con líderes de otras naciones, etc. Sin embargo, llegó un momento en que el pueblo se lo pidió explícitamente al profeta Samuel, sin admitir un no como respuesta.
Samuel se lo toma muy mal, porque parte de los argumentos del pueblo era que él ya estaba viejo y sus hijos no eran aptos. Dios le dice que haga caso al pueblo, pero que les advierta solemnemente de todo lo que va a pasar si quieren ser en esto como las demás naciones: reclutamientos forzosos, gastos militares y cortesanos, asfixia de impuestos, abuso de poder… Que nadie se engañe, la discusión aquí no era entre monarquía y república, sino entre un gobierno como el de todos los demás o un gobierno divinamente “desordenado”, con jueces elegidos y capacitados por Dios, sin palacios, sin ejércitos regulares, sin burocracia estatal, etc.
En unas edades más que en otras, todos sufrimos la presión de la pertenencia al grupo, de no ser “raritos”, de ser como los demás. El privilegio de los que siguen a Cristo es ser imitadores de él, para así ser luz y sal. No hay otra: si quieres tener una vida significativa que impacte para el bien de los demás, tienes que ser diferente. No tengas miedo.
[artículo de mi autoría, publicado años atrás en el Calendario Tesoros Escondidos de MSD. Si vives en La Cala o cerca y quieres recibir gratis el calendario de este año, pídelo al WhatsApp 607810500 o al email info@dondeloslibros.com]








