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San Pablo y el cordobés

Uno de los pocos poderosos vinculados con Hispania que aparecen en la Biblia es Galión, el procónsul de la región griega de Acaya. Lo identificamos mejor si mencionamos quién era su hermano: Séneca, el filósofo cordobés. Los judíos llevaron al apóstol ante el procónsul, porque “anda convenciendo a la gente de que deben adorar a Dios en una forma que va contra la ley” (v. 13). El judaísmo tenía unas prebendas especiales bajo la ley romana y, por aquel entonces, el cristianismo era para los romanos una parte del judaísmo, por lo que se beneficiaba de esa situación. La acusación de los judíos aquí trataba de excluir a los cristianos de los derechos religiosos que ellos tenían. El hispano ni siquiera dejó que se explicara Pablo, pues entendió que se trataba de asuntos doctrinales suyos, ajenos a la ley romana, que no implicaban ningún delito que él debiera tratar. Los acusadores no quedaron conformes y recurrieron a la violencia. Tampoco parece que eso le importase al procónsul.
Mucha gente comparte la actitud de este antiguo compatriota. Las cosas de religión no le incumben. No puedo juzgarlos por eso: tener delante a dos grupos de personas discutiendo hasta la violencia por cuestiones que tienen que ver con la vida espiritual es una escena lamentable. Si fuera en la tele, haría “zapping”. Y es triste que a menudo buscamos protagonizar escenas de ese tipo, cuando Pablo fue llevado allí a la fuerza. Si eres como Galión, te entiendo, pero busca el mensaje claro y sencillo de Cristo:

“… el que me sigue, no andará en tinieblas”

(Juan 8.12)

[artículo de mi autoría, publicado años atrás en el Calendario Tesoros Escondidos de MSD. Si vives en La Cala o cerca y quieres recibir gratis el calendario de este año, pídelo al WhatsApp 607810500 o al email info@dondeloslibros.com]

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