Bendita locura
Se podría decir que la capital del mundo en el siglo XVI fue Sevilla, en el sur de España. En sus alrededores se gestaron varios grupos que se reunían en secreto para leer la Palabra de Dios y aprender de ella sin la mediación de las autoridades religiosas. En estos grupos se leían también las obras de los reformadores, de contrabando. Pero hay un personaje que destaca por no conocérsele ninguna influencia antes de abrazar y promulgar las ideas de la reforma evangélica. Hablamos de Rodrigo de Valer, un típico señorito andaluz, bien situado, dedicado a la buena vida en su finca de Lebrija, que, siendo muy joven, prácticamente de un día para otro cambia su manera de vivir y no tiene miedo de denunciar públicamente la corrupción en las autoridades religiosas y políticas, a la vez que predica un mensaje de retorno a la fe muy parecido al que estaba sacudiendo a media Europa. Pasa por varios juicios inquisitoriales, sufriendo confiscación de bienes y cárcel, pero no la muerte (según dicen, porque lo tomaban por loco). Cuentan que incluso en las misas a las que lo llevaban obligado cuando estaba preso se levantaba para contradecir y denunciar los engaños con que tenían dormido al pueblo. Murió en la cárcel, y muchos le atribuyen una gran influencia sobre grandes personajes de la Reforma en España.
Cuando le reprochaban que hablara de asuntos espirituales sin tener formación eclesiástica, él ponía el ejemplo de los pescadores que siguieron a Jesús y fueron sus apóstoles. No necesitas títulos académicos para conocer estas verdades capitales: Dios te ama, Dios te habla, Dios te tiende su mano.
[artículo de mi autoría, publicado años atrás en el Calendario Tesoros Escondidos de MSD. Si vives en La Cala o cerca y quieres recibir gratis el calendario de este año, pídelo al WhatsApp 607810500 o al email info@dondeloslibros.com]








