Te compro una profecía
Hay una historia muy interesante en el libro de Números, en el Antiguo Testamento. En ella nos encontramos con un rey enemigo de Israel que quiere que el profeta Balaam profetice contra el pueblo de Dios.
En principio, el profeta se niega, pero al final acaba acompañando al rey de Moab. Consiente en profetizar, pero con la condición de decir únicamente lo que Dios le mande. Entonces, a la hora de pronunciar la deseada maldición contra los israelitas, acaba repitiendo lo que Dios le ha mandado decir, que son palabras de bendición.
El rey insiste y lo intenta tres veces, pero las tres acaba bendiciendo. Los moabitas estaban dispuestos a pagar bien la profecía de maldición, pero la Palabra de Dios no está sujeta a transacciones comerciales.
El lado triste de este episodio lo tenemos en las menciones que el Nuevo Testamento hace de Balaam, cuando explica que aconsejó al rey de Moab sobre cómo provocar la caída de los israelitas (Apocalipsis 2.14).
Hay muchos que ven normal pagar por ciertos rituales religiosos con la esperanza de mejorar su estatus en la otra vida. La gracia de Dios no tiene nada que ver con eso. Recuerda las palabras de Isaías 55 (versión Reina-Valera, rev. 1960):
Isaías 55
A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma…
[artículo de mi autoría, publicado años atrás en el Calendario Tesoros Escondidos de MSD. Si vives en La Cala o cerca y quieres recibir gratis el calendario de este año, pídelo al WhatsApp 607810500 o al email info@dondeloslibros.com]








