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La necedad de aquel censo

Una de las prerrogativas de un gobierno, administración o sociedad es la de censar a sus habitantes o miembros. Es algo útil y necesario en muchos sentidos. Por eso resulta muy chocante que la idea que tuvo el rey David de censar a su pueblo acabase provocando un severo juicio de Dios. La explicación la insinúa el mismo texto (2 Samuel 24), pues Joab, el hombre de confianza del rey, intentó convencerle para no hacerlo. La maldad de este censo estaba en que David quería medir su poderío, cuando Dios le había demostrado que su fuerza estaba en su fe y en la protección del Señor; indirectamente, estaba diciendo que ya no necesitaba a Dios, que tenía fuerzas en su reino para hacer frente a cualquier enemigo. Olvidó también que la ley de Moisés mandaba (en Éxodo 30.12) que los contados debían aportar un pago fijo “para que no haya entre ellos mortandad”. Probablemente, esa norma servía para que recordaran que su protección venía de Dios, no de ser muchos o poderosos.

Cuántos somos en mi familia, país, iglesia… cuánto dinero tengo en el banco, con cuántas propiedades cuento… no hay nada malo en llevar la cuenta de todo lo que pueda significar fuerza o apoyo para nosotros y los nuestros. Sin embargo, depositar la confianza en esos datos es una decisión poco sabia. Si vienes de una familia insignificante, vives en un país pobre, no perteneces a una iglesia multitudinaria, acabas el mes con las cuentas bancarias temblando… no eres menos importante ni tienes que vivir con miedo si Dios es tu Padre y has puesto tu confianza en él.

[artículo de mi autoría, publicado años atrás en el Calendario Tesoros Escondidos de MSD. Si vives en La Cala o cerca y quieres recibir gratis el calendario de este año, pídelo al WhatsApp 607810500 o al email info@dondeloslibros.com]

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