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MegaCristo… de arena

La víspera de Navidad del 2007 un escultor indio formó el Jesucristo de arena más grande del mundo. El artista aseguró haber dado forma a la mayor figura de arena del mundo con la imagen de Jesús, en una playa del este de la India. Le ayudaron más de una docena de estudiantes y necesitó unas 600 toneladas de arena para levantar los 6 metros de alto de la escultura. Parece ser que la intención era la de aparecer en un libro de récords.

Fuera cual fuese la intención del autor, lo cierto es que nos ha dejado una interesante metáfora de la naturaleza de nuestra religiosidad innata. Nuestra tendencia nos lleva a construir nuestros propios dioses. Tal vez acertemos al elegir la figura (aunque el rostro de Cristo no sabemos cómo era), pero erramos fatalmente al intentar construirlo nosotros. El material utilizado, la arena, es también revelador de nuestras capacidades.

Los dioses que nos formamos no resisten la tormenta. La verdad es absolutamente al revés: fue Dios quien creó al hombre. Es curioso, la Biblia explica la formación de la humanidad también a partir de una especie de “escultura” divina tomada de la tierra. La diferencia está en que Dios insufló vida en el hombre que había formado.

Cuando nosotros formamos nuestros propios dioses, les insuflamos muerte, y ellos no pueden más que repartirla en forma de religiones que causan guerras, normativas morales que nos esclavizan, jerarquías sagradas que anulan la sencillez del espíritu, etc. Dios quiere que dejemos de inventarnos dioses y espera que escuchemos su voz cuando dice:

“Todos los que tenéis sed, venid”

Isaías 55

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