Las dos caras de enero
Como delata su etimología, el mes de Enero (January, Janvier, Januar, Janeiro, Gener…) estaba dedicado al dios romano Janus, o Jano, el de las dos caras, que mira a la vez hacia delante y hacia atrás. Con uno de sus rostros, de viejo, miraba hacia el año que terminaba y con el otro, más joven, al principio del que comienza.

Los romanos tenían costumbre de intercambiarse dulces. Esas costumbres fueron evolucionando tras la implantación del cristianismo como religión oficial romana. En realidad, la costumbre de celebrar una cena de Nochevieja, el 31 de diciembre, empezó a ponerse de moda a principios del siglo XX. Hasta entonces, la noche principal para esas cenas familiares era la víspera de Navidad, Nochebuena. Concretamente en España, la tradición de despedir el año con uvas tiene poco más de un siglo.
Lo gracioso es cómo costumbres tan relativamente recientes parece que son de toda la vida. Hay que comer uvas con las campanadas de fin de año, porque dan buena suerte y porque SIEMPRE se ha hecho así. Pues ni una cosa ni la otra.
Pero, bueno, no hay nada malo en esas minitradiciones que pueden traernos buenos ratos de compañía en familia o con amigos, pero lo que realmente debería ser una costumbre establecida es realizar un examen serio y objetivo de lo que ha sido el año que se va y lo que esperamos o deseamos del año que se acerca.
Mirar atrás puede significar pedir perdón, pero también dar gracias y anotar lo aprendido.
El rostro hacia el año que entra debe contemplar, sobre todo, el deseo de una vida que tenga sentido en los propósitos de Dios, que, al fin y al cabo, serán los mejores propósitos para ti, para tu familia y para todos.
En tu caso, ¿qué mira el rostro viejo de Janus? ¿Y el nuevo?
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