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Dos loros contentos

Hace unos años, en el norte de Méjico había dos loros, uno cabeza roja y otro amarilla, que saltaron a los titulares por haber aprendido a silbar estrofas del himno nacional mejicano, además de las conocidas ‘Mañanitas’.

La explicación viene de que lo aprendieron de los dos hijos adolescentes de su dueña. La orgullosa propietaria de las aves insistió en que el secreto, aparte de en la innata habilidad imitadora de los loros, está en repetir y repetir.

¿Crees que estos loros son muy patriotas? ¿o que se alegran realmente del cumpleaños de los que reciben las “Mañanitas”?

Me parece que no. A fuerza de repetir y repetir, hasta un animal puede expresar lo que normalmente se identifica con un sentimiento.

Pero lo más triste es que también los humanos podemos llegar a hacerlo.

Conocer o cantar el himno de un país no te convierte en patriota.

Saber cómo se canta una canción de cumpleaños no significa que sientas aprecio por una persona en su aniversario.

Haber escuchado una y otra vez alguna oración a Dios, e incluso poder repetirla, no indica que te diriges real y sinceramente a él.

En los Salmos se reitera la intención de “cantar una nueva canción”.

Así debe ser. No seamos como los loros en nuestra adoración: graciosos pero sin iniciativa personal, vistosos pero carentes de conciencia de lo que le decimos a Dios.

El salmo cuarenta y siete dice:

Porque Dios es el Rey de toda la tierra.
¡Cantad con inteligencia!

Salmos 47:7

[imagen de cabecera: Foto de Bruno Martins en Unsplash]

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