Cansados de la religión
Si haces un repaso de los contenidos sobre religión en las redes, verás cómo en muchos casos hay un factor muy triste: la religión está implicada en la corrupción del poder o en los abusos contra la libertad de pensamiento.
Muchas e importantes instituciones religiosas de la historia tienen las manos manchadas de sangre y han logrado acumular grandes tesoros aprovechándose de los más débiles y de los ingenuos.
Ante este panorama, no es extraño que muchos digan que no quieren saber nada de religión.
Es comprensible, pero sería una desgracia confundir religión con cristianismo o con Cristo. Una cosa son los montajes hechos apropiándose de la marca “Jesús” o “Cristiano” y otra muy distinta la persona, obra y enseñanzas de Jesús, así como el fundamento de sus apóstoles.
Gracias a Dios, aparte de los libros de historia, tienes la Biblia para comprobarlo por ti mismo.
La religión siempre pretende aliarse con el poder, valerse de él para sus fines o incluso ponerse por encima, pero Jesús dijo: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18.36).
La religión tiende a acumular bienes, a comerciar con las cosas espirituales y a edificar grandes templos, pero Jesús recuerda: “En las Escrituras se dice: ‘Mi casa será casa de oración’, pero vosotros la habéis convertido en una cueva de ladrones” (Mateo 19.46) .
La religión impone al hombre una serie de pasos que andar, dogmas que creer y conducta que vivir para llegar a Dios, pero Jesús nos enseña que el hombre es incapaz de llegar a Dios por sus medios:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre” (Juan 14.6).








