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366 tesoros

En la Palestina de los tiempos de Jesús era bastante frecuente que la gente se encontrara tesoros.
Dado que en aquella región se habían sufrido distintas invasiones, era normal que muchas familias enterrasen todas sus riquezas cuando veían que iban a ser objeto de pillaje.

Como muchos eran llevados cautivos y ya no regresaban, aquellos tesoros se quedaban durante siglos donde los habían dejado. También se escondían tesoros en los terrenos porque no existían medios más seguros, como podemos recordar de la parábola de los talentos en los Evangelios.

Así pues no era algo tan extraño encontrarse un tesoro. Incluso había leyes en la tierra que sentaban precedentes acerca de qué hacer con eso. Por ejemplo, se daba autorización para que quien lo encontrara se lo quedara. Así que en aquel tiempo no suponía un gran problema ético, como sería para nosotros qué hacer con algo que nos encontramos que no es nuestro.

Además, cabría suponer que ese tesoro no pertenecía al dueño del terreno, porque si no, en la parábola, no lo habría arrendado, no habría permitido que excavaran allí. Pero en la mencionada parábola lo que tenemos es que el afortunado que se lo encuentra no usa el tesoro para comprar la tierra, sino que usa todo lo que tiene para comprar aquel lugar.

Eso nos da una idea de lo incomparable que es el valor de ese tesoro y, por tanto, del terreno donde se encuentra. Muchas veces, el valor de las cosas se establece por comparación con otras.

Ocurre lo mismo con la fe: muchas personas dicen que creen, dicen que tienen fe, dicen que aman a Dios y que lo adoran, pero todo eso se desmorona cuando pasan por un simple control comparativo.

Por ejemplo, ¿cuánto tiempo se dedica a ese tesoro? ¿cuánto esfuerzo? ¿cuántos recursos? ¿cuánto se dedica a otras cosas?

Si uno se da cuenta del tesoro que tenemos en el reino de Dios, considerará todo lo demás como algo prácticamente sin valor, al menos comparativamente.

Plantéate cada uno de los 366 días del año que empieza desde esa perspectiva. Verás qué diferente.

El reino de los cielos se puede comparar a un tesoro escondido en un campo.

Mateo 13:44

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