Viva la Pepa
La Constitución de 1812: tradición y valentía
El 19 de marzo de 1812, día de San José, las Cortes de Cádiz—reunidas en plena ocupación francesa—aprobaron la primera Constitución española propiamente dicha. Así nació La Pepa, por el día de los Josés o Pepe, las Josefás o Pepas. Un texto que, pese a su raíz monárquica tradicional, dio un paso audaz al incorporar principios del liberalismo democrático.
Su vigencia fue breve: derogada por Fernando VII en 1814, restaurada entre 1820 y 1823, y nuevamente recuperada en 1836.
“La historia constitucional española revela una constante fragilidad para sostener una ley fundamental que nos una y perdure.”
Una historia constitucional frágil
Los tiempos cambian, las personas cambian… y las leyes se ajustan a esos cambios. Sin embargo, esta realidad abre la puerta a una inquietud más profunda: ¿podemos aferrarnos a algo verdaderamente estable en medio de un mundo en constante transformación?
“¿Existen principios inmutables, válidos para todos los tiempos?”
¿Hay algo que no cambie?
En el fondo, muchos anhelamos la existencia de leyes o principios que no dependan de corrientes políticas ni de la volatilidad de la sociedad. Sentimos la necesidad de lo permanente, lo firme, lo eterno.
Quizá sea momento de atrevernos a formular esas preguntas, incluso si ya casi nadie las plantea.
Una invitación a mirar más alto
Tengamos la osadía interna de preguntarnos lo que ya nadie quiere reconocer que anhela: ¿es que no hay principios eternos? Seamos más atrevidos todavía, abramos la Biblia y busquemos en ella la voz de Dios, confiando en que un Dios que es personal quiere comunicarse con nosotros, a quienes ha creado como personas. En su Palabra podemos conocer al Eterno.








